

Esta temporada, haciendo uso de su prolífera imaginación, nos propuso un paseo por diferentes aspectos de la vida cotidiana de los habitantes de la época. En el Prebelén se centra en la vida en la montaña, donde ésta gira en torno al nacimiento de un gran río, a cuyas aguas se incorporaron como ya hizo en otros años pececillos que dieron color y alegría al mismo.

El Belén, adquiere ya una madurez considerable, basando la configuración del belén de acuerdo con las costumbres de la época, diferenciando claramente unas zonas de otras, y dándoles a cada una de ellas su propia personalidad.

La gran estrella de este montaje, es la representación de una de las escenas principales de los días precedentes al alumbramiento de Jesús, la cual consiste en la negación de la posada a la Virgen y a San José.

La iluminación del recinto que ese año fue nueva, compuesta por unas grandes lámparas colgantes cuyo “fuego” alumbraron la estancia.

Este mismo año, cumpliendo con una de las tradiciones más antiguas del belenismo, y como un paso culminante en el proceso de todo belenista, el Belén de Curro fue bendecido.
